El arte romántico devenido digital
La angustia es constitutiva del ser humano. Queremos crecer, progresar, ser mejores, saber más. Pero siempre queda un saldo, porque el mundo es un límite. Hay límites comunes que no nos dejan desarrollar un amor, un afecto, una amistad. Y como si fuera poco, sabemos que algún día no estaremos en este tierra, sabemos que nuestros seres queridos también se van a morir. Entonces siempre hay un saldo adentro de la cultura y la personalidad que necesita reequilibrar la angustia.
Dice acertadamente el refrán: No solo e pan vive el hombre.
Esta es la razón profunda por la que nuestros antepasados primitivos pintaban los cadáveres de sus seres queridos, esta es la razón por la cual desde entonces y para siempre, el hombre canta, baila, pinta, narra historias.
Todos necesitamos de ir al teatro, o leer una novela y tenemos derecho a ello, porque sino no tenemos otro camino que autodestruirnos. O recurrir a las drogas. Las drogas son el calmante artificial, cuando no podemos gozar del arte.
Hoy día nos toca vivir en una sociedad, donde todo parece estar hecho para que nadie pueda obtener placer del arte. Los medios, solo tienden a publicitar un seudo arte, lejano al arte verdadero siempre de carga dramática. Porque todo arte que no hable del Amor y la Muerte – considerados como dos grandes temas que representan el paso del hombre por este mundo -, no es arte, es un arte banal. Toda la sociedad actual, está llena de banalidad, pero el hombre necesita de un arte profundo y verdadero, para poder equilibrar su angustia.
El arte latinoamericano, las bellas artes –arquitectura, pintura y escultura- se encuadró en la dialéctica Civilización / Barbarie. En primer término fueron incluidas las normas del “buen gusto” europeo y en un segundo término toda la tradición colonial, especialmente aquella derivada del barroco. Los planteos de la Ilustración, con su minusvaloración del arte mestizo – y más aun de todo arte indígena- impuso un panorama ajeno a los últimos tres siglos del arte colonial, en el que había sido fundamental el mestizaje entre las formas adquiridas y la riqueza del arte indígena. Este ultimo luego del exterminio que significara para los pueblos precolombinos el periodo de colonización y saqueo, fue ignorado o sencillamente censurado. Sin embargo siempre ha estado latente, aunque ha perdido toda vitalidad. Solo es posible encontrarlo en su esplendor auténtico entre las comunidades aborígenes que han sobrevivido y que aun resisten.
Al panorama descripto, seguidamente, se sumó la necesidad de olvidar toda referencia al pasado español que se dejaba atrás.
El arte digital en América latina –más allá de los cambio introducidos por la misma tecnología- no se apartó de los parámetros y valores adquiridos, y reformulados, de la Ilustración y la Modernidad. Sin embargo la cultura digital ha afectado la esencia del arte tradicional.
La cultura digital h dado paso a un nuevo espacio estético que tienda al juego de superficie y a la producción de imágenes que carecen de las implicaciones de fondo tradicionales. La era de la reproductibilidad – que comienza con la mecánica – con la aplicación de la tecnología electrónica ha socavado todos las expectativas democratizantes que se utilización podía ofrecer, según Walter Benjamín. En cambio ha desarrollado y concretado los caracteres más oscuros de la industria cultural de masas, presagiados por los representantes de la Escuela de Frankfurt.
Esta nueva estética, es la que hace ce la serialidad y la repeticón sus herramientas, tendiendo a la producción de formas híbridas. Las nuevas formas del arte carecen de sentido de originalidad, se inclinan por la el logro de “las versiones del último modelo”.
Las nuevas técnicas digitales favorecen la expansión y el perfeccionamiento de uan cultura elíptica d e la imagen y la forma de juego de superficie.
El arte digital latinoamericano, no escapa a las nuevas formas estetizantes que se imponen, si bien las representaciones pueden tener cierta “particularidad” distinta a la de los países industriales. Sin embargo, no por ello deja de responder a este orden de poducción, donde el espectador es entrenado para que dentro de los márgenes de al serialidad y la repetición sea capaz de apreciar las diferencias cada vez más nimias.
Dice acertadamente el refrán: No solo e pan vive el hombre.
Esta es la razón profunda por la que nuestros antepasados primitivos pintaban los cadáveres de sus seres queridos, esta es la razón por la cual desde entonces y para siempre, el hombre canta, baila, pinta, narra historias.
Todos necesitamos de ir al teatro, o leer una novela y tenemos derecho a ello, porque sino no tenemos otro camino que autodestruirnos. O recurrir a las drogas. Las drogas son el calmante artificial, cuando no podemos gozar del arte.
Hoy día nos toca vivir en una sociedad, donde todo parece estar hecho para que nadie pueda obtener placer del arte. Los medios, solo tienden a publicitar un seudo arte, lejano al arte verdadero siempre de carga dramática. Porque todo arte que no hable del Amor y la Muerte – considerados como dos grandes temas que representan el paso del hombre por este mundo -, no es arte, es un arte banal. Toda la sociedad actual, está llena de banalidad, pero el hombre necesita de un arte profundo y verdadero, para poder equilibrar su angustia.
El arte latinoamericano, las bellas artes –arquitectura, pintura y escultura- se encuadró en la dialéctica Civilización / Barbarie. En primer término fueron incluidas las normas del “buen gusto” europeo y en un segundo término toda la tradición colonial, especialmente aquella derivada del barroco. Los planteos de la Ilustración, con su minusvaloración del arte mestizo – y más aun de todo arte indígena- impuso un panorama ajeno a los últimos tres siglos del arte colonial, en el que había sido fundamental el mestizaje entre las formas adquiridas y la riqueza del arte indígena. Este ultimo luego del exterminio que significara para los pueblos precolombinos el periodo de colonización y saqueo, fue ignorado o sencillamente censurado. Sin embargo siempre ha estado latente, aunque ha perdido toda vitalidad. Solo es posible encontrarlo en su esplendor auténtico entre las comunidades aborígenes que han sobrevivido y que aun resisten.
Al panorama descripto, seguidamente, se sumó la necesidad de olvidar toda referencia al pasado español que se dejaba atrás.
El arte digital en América latina –más allá de los cambio introducidos por la misma tecnología- no se apartó de los parámetros y valores adquiridos, y reformulados, de la Ilustración y la Modernidad. Sin embargo la cultura digital ha afectado la esencia del arte tradicional.
La cultura digital h dado paso a un nuevo espacio estético que tienda al juego de superficie y a la producción de imágenes que carecen de las implicaciones de fondo tradicionales. La era de la reproductibilidad – que comienza con la mecánica – con la aplicación de la tecnología electrónica ha socavado todos las expectativas democratizantes que se utilización podía ofrecer, según Walter Benjamín. En cambio ha desarrollado y concretado los caracteres más oscuros de la industria cultural de masas, presagiados por los representantes de la Escuela de Frankfurt.
Esta nueva estética, es la que hace ce la serialidad y la repeticón sus herramientas, tendiendo a la producción de formas híbridas. Las nuevas formas del arte carecen de sentido de originalidad, se inclinan por la el logro de “las versiones del último modelo”.
Las nuevas técnicas digitales favorecen la expansión y el perfeccionamiento de uan cultura elíptica d e la imagen y la forma de juego de superficie.
El arte digital latinoamericano, no escapa a las nuevas formas estetizantes que se imponen, si bien las representaciones pueden tener cierta “particularidad” distinta a la de los países industriales. Sin embargo, no por ello deja de responder a este orden de poducción, donde el espectador es entrenado para que dentro de los márgenes de al serialidad y la repetición sea capaz de apreciar las diferencias cada vez más nimias.

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