Friday, November 25, 2005

Esa Bestia

Patricio Rey, se llama. Sabe que no tiene dueño y que a todos pertenece, pero rara vez no se lo confunde con esa cabeza calva y esos lentes oscuros. Carlos Solari es quien capitaliza la peregrinación, y vuelve el hechizo al público ricotero, siempre perverso y cruel. Para dejar, pasada la medianoche a la grey redonda desbandada en las calles. No tienen donde ir, a todo lugar que llegan les falta algo, si esa voz ya no está, y no dijo que va a volver.
Queda la ropa transpirada, la garganta seca y la voz afónica, el cuerpo tonto, que torpe camina solo por las calles. Termina la noche en Jijiji, y se esfuma ese amor de burdel. No hay consuelo al desvarío de una noche especial, que después de cinco años de agónica espera convaleció en La Plata.
La kermesse convocada para las 20:30, como de costumbre se palpita desde días antes, y en todo lugar. Hay regocijo en cada remera con la estampa de Oktubre que se agita al grito de: vamo´ lo redo´ ; las banderas que salen por las ventanillas de autos y colectivos, junto con los brazos que asoman desde los trenes, son las muecas rotas de estas dos noches en el Estadio Único. Al igual que en las anteriores presentaciones de los Redondos las caravanas llegan de todas partes, para ser una. Al llegar al estadio los ricoteros mutan su piel en esa Bestia. Mezcla de barrios, vejaciones y amores.
Un pacto perverso, un amor leal y frágil a la vez. Una apuesta desigual supone que siempre habrá uno que saldrá mal herido. El Brujo conoce la fuente de las palabras, que ya son de todos, se sabe, pero que sin él no tienen la fuerza para disponer y ejecutar. Juego de honores, trampa para ardillas y abrigo para el Señor del bosque. El estadio al fin a oscuras, gritos, y maldiciones echadas sobre el aire, truena el silencio cuando la escena se ilumina: fervor orgiástico en los cuerpos ante la bienvenida que les da el Gourmet.
Pasen y vean, tal vez sea igual que ayer. Es la misma sopa, uno, dos, la Bestia bebe del cucharón y ríe al ver el menú. Patricio Rey, es el tiempo y lugar donde la Bestia se quiere echar a morir. No descubrirá el engaño, nunca sentirá el mal olor. Come la Bestia, se atraganta pero no se detiene, bebe más y más. Un bocado, y se lleva el pan a la boca para ayudarse a tragar. Es Patricio Rey, fanfarria de amor; como muerte la mejor redención.

Sunday, September 11, 2005

Escribir ¿para qué?

Supongamos que esto lo lee alguien, ese alguien no sabe que uno no tiene la más pálida idea del lector tipo, ni del lector particular, uno escribe solo para uno, y la única certeza es que escribiendo simple y fácil muchos más nos van a comprender. Sin embargo, todos eligen escribir difícil porque es más fácil... y así el día a día se olvida y solo nos queda el anhelo de un futuro... que alguien sabrá escribir

Tuesday, June 28, 2005

ARTISTA por Félix de Azúa

Acerca del artista reina un general desconcierto. Su existencia es indudable, pues a ellos atribuimos la aparición de obras de arte, sea cierto o falso que intervengan en su aparición. Cuando nos sorprende un paisaje de colinas verdes salpicadas de templos en las que a primera hora del día caminan breves figuras humanas acompañadas por un perro cabizbajo, decimos: ¡un Poussin! Cuando oímos una canción desolada cuyo tema se repite tercamente como si la cantara un hombre enajenado por una dolorosa obsesión, exclamamos: ¡un Schubert! Y así sucesivamente. En consecuencia, los artistas son gente en verdad existente porque con su nombre nos orientamos en la espesura de las obras.
Pero la energía del romanticismo ha contaminado tan profundamente las fuentes de nuestro juicio que tendemos a pensar en el artista como alguien autónomo, independiente, libre y genial. Una especie de self-made-man. Este error, frecuente y dañino, conduce al desastre a miles de jóvenes bien intencionados que creen poder ser tanto más artistas cuanto más autónomos, independientes, libres y geniales. De resultas de este patinazo una notable cantidad de gente pintoresca es incapaz de hacer aparecer absolutamente nada que no sea ella misma. Pero la contemplación de alguien libre y genial que dice ser libre y genial es insuficiente como obra de arte y una lata como obra de caridad.
Para explicar (aproximadamente) lo que es un artista debo recurrir a la fábula. Me avergüenza hacerlo porque es un método poco científico muy utilizado por ese enemigo de la democracia (según le califica Karl Popper) que era Platón cuando se veía obligado a explicar cosas que ni él mismo se explicaba. Me excuso, pues, de imitar a Platón, pero no todo el mundo puede ser Karl Popper.
En las muchas memorias y abundantes libros de recuerdos que han ido editando los judíos que sobrevivieron al Holocausto hay una figura que aparece con frecuencia y cuya actividad posee un interés muy especial. Cuentan los supervivientes que, tras ser detenidos y agrupados por la policía política alemana y francesa, eran almacenados en trenes especiales cuyos vagones habían servido para el transporte de ganado.
Hacinados como reses, sin espacio para sentarse, sin apenas aire para respirar, sin más agua que la lluvia que se filtraba por las grietas de la cubierta, millones de desdichados atravesaron Europa de Pau a Auschwitz, de Varsovia a Dachau, de Amsterdam a Büchenwald, durante semanas, camino del matadero. Antes de llegar muchos murieron de sed, de hambre, de asfixia, de agotamiento, de enfermedad; los supervivientes acabaron el trayecto pegados a los cadáveres porque no había espacio para dejarlos reposar en el suelo.
Los vagones, que eran de puerta corredera, traían unos mínimos respiraderos en la parte superior, a un palmo del techo, y otros cuantos orificios en el suelo para la evacuación de las heces. Por los respiraderos entraba la escasa luz que permitía a los infelices saber si era de día o de noche, y, aunque pueda parecer extraño, estos detalles cobraban para ellos una enorme importancia. Los respiraderos superiores estaban situados a unos dos metros y medio del suelo.
Muchos memorialistas coinciden en relatar cómo los presos de cada vagón elegían espontáneamente a una persona para alzarla hasta el respiradero con el fin de que fuera dando cuenta de lo que desde allí se divisaba. Solían escoger a alguien liviano, aunque despierto, de modo que pudiera ponerse de pie sobre algunos compañeros que con extraordinario esfuerzo le ofrecían sus riñones como tarima. El vagón entero se retorcía con dolorosa y agotadora contorsión para facilitar a los oteadores el acceso a la mirilla. Los presos necesitaban saber dónde estaban, adónde los conducían, qué tierras cruzaba el tren, qué gentes las habitaban. Para averiguarlo estaban dispuestos a los mayores sacrificios.
Pero no todos reaccionaban igual: cuentan también que unos pocos presos se mostraban escépticos y rehusaban colaborar. «¿Qué se me da a mí en dónde estemos, si me cabe la certeza de que voy camino del matadero?», decían crudamente. Ponían toda clase de inconvenientes a colaborar, y luego se negaban a oír y aun hacían burla imitando a los oteadores. Pero hasta los más escépticos atendían disimuladamente cuando los oteadores sabían explicar lo que veían. Porque, como es natural, no todos los elegidos servían para la tarea y había que cambiarlos de vez en cuando. Incluso a menudo.
Las primeras veces que los oteadores se alzaban hasta la ventanilla no tenían fuerzas para hablar. Llevaban quizá cuatro o cinco días a oscuras, asfixiados por el hedor, aplastados por sus compañeros, y de pronto se elevaban y veían la luz del sol, o la luna, o un perro, o un río. Balbucían algunas palabras y luego se ahogaban en sollozos, o caían en un mutismo seco. Sus compañeros solían mostrarse comprensivos y les daban un tiempo para reponerse e intentarlo de nuevo. Algunos, con el aplomo que da la experiencia, iban adquiriendo cierto control sobre sí mismos. Otros no podían resistir la tensión y se negaban a seguir haciendo de oteadores pues, según decían, para soportar el horror es mejor no ver nada y hacer como si sólo hubiera un mundo, el de los condenados a muerte.
También sucedía que ciertos vigías decepcionaban a los condenados porque sus relatos eran demasiado minuciosos, exactos y científicos. «Veo una estación de ferrocarril con dos puertas laterales y una central con trampilla de madera y herrajes de latón, seguramente atornillados; hay en el andén un hombre de uniforme de unos cincuenta y dos años de edad, con gafas de alambre y una pipa apagada. A la derecha hay un hangar de doce por quince...», decían estos malos vigías, y sus compañeros aceptaban la información pero los sustituían de inmediato por otros no tan rigurosos.
No decepcionaban menos los distraídos, aquellos que daban una visión dispersa, inconexa, improvisada y sin orden ni concierto del panorama: ahora una nube en forma de Afrodita o una bandada de pájaros, luego una pareja de burgueses que parecen amarse, ¿o son dos soldados discutiendo?; también irritaban quienes lo interpretaban todo desde sus impresiones personales, como que a ellos les parecía demasiado verde una planta o muy sucio un leñador... Ni la ciencia ni la inocencia, ni la verdad objetiva ni la expresión subjetiva les eran de ninguna ayuda a los condenados.
Los oteadores más apreciados eran aquellos que referían con acierto la existencia de un mundo verdadero, libre de la tortura y del horror, un mundo luminoso pero atado al mundo de los condenados por signos indescifrables. «Algunas mujeres de este pueblo se han reunido junto a la estación, en el abrevadero público, y están allí apiladas mirando nuestros vagones con disimulo. Veo que una de ellas, con un crío en los brazos, le señala a nuestro vagón, justamente, así que voy a sacar la mano por la mirilla», decía, por ejemplo, uno de los oteadores más apreciado por los presos. Sus compañeros podían pensar entonces que aquella mujer con el niño vería la mano, o algunos dedos de la mano, agitándose desde la mirilla, y que quizá así la mujer se convencería de que había gente muriendo en los vagones. Gente con manos, indudablemente. Y guardaría memoria de ello y algún día lo contaría a sus nietos: «Yo vi a los judíos pasar por la estación del pueblo y uno de ellos me agitó la mano, como saludando, desde uno de los vagones.» Así parecía redimirse una parte del dolor, aunque sólo fuera de un modo muy ideal.
En los buenos relatos, los presos tenían la certeza de que algo circulaba de los unos a los otros, de los condenados a los libres, del mundo de la muerte al mundo de la vida. Un signo indescifrable, como el rayo que desciende del cielo e ilumina la noche un instante, ponía en relación dos universos que se desconocían mutuamente. Y a los presos les era indiferente que de verdad el oteador hubiera sacado la mano o que la mujer la hubiera visto, pues lo esencial para ellos era sentirse partícipes del mundo de los vivos y pertenecientes al mismo, aunque sólo fuera por unos segundos.
El oteador de los vagones cargados de condenados era el único que tenía, no ya fe, sino constancia de la existencia de otro mundo en el que las leyes permitían vivir a la luz del sol. La vida de los condenados hacinados en el vagón era espantosa, pero si el mundo de los vivos era verosímil entonces la vida del vagón se convertía en una ficción resultante del juego de otras leyes que condenaban a vivir en el horror, sin culpa alguna ni haber sido acusados de nada. Se mantenía de ese modo la esperanza de que el horror tuviera un final.
Mientras el oteador era capaz de mantener la variedad del relato, mientras lograba convencer a sus oyentes acerca de la realidad del mundo luminoso, entonces el mundo del horror permanecía como la otra ficción. La realidad del mundo luminoso y la realidad del mundo de la muerte se sostenían la una a la otra como ficciones mutuas.
Sólo cuando las leyes del mundo de la muerte y las del mundo de la vida coinciden, sólo entonces la tarea del oteador carece de sentido y es inútil porque nadie la necesita. Pero cuando eso sucede, como en nuestros días posiblemente suceda, no sabemos si la indiferencia hacia oteadores, cronistas y vigías es el resultado de la victoria del mundo luminoso (es decir, del permanente desvelamiento de lo viviente) o el triunfo del escepticismo y la resignación de los condenados.
Debe prestarse atención al hecho de que ningún vigía consideró nunca su tarea como una opción personal y libre, movida por su genialidad. Sabían que su tarea no les pertenecía, sino que era el fruto de un pacto colectivo. El conjunto entero de presos, en el vagón, era la fuerza que alzaba y soportaba al vigía, y el grupo entero era el que aceptaba o rechazaba sus observaciones. Las visiones y relatos no eran, por lo tanto, el fruto de su carácter o la expresión de su espíritu, sino una relación efímera e instantánea, un acuerdo compartido por unos cuantos, por muchos o por todos, sobre la verdad de lo que aparece en cada momento. Añadamos, para concluir, un último punto de gran relevancia en nuestros días. A pesar de que las relaciones entre los condenados y los oteadores llegaron a ser muy densas e incluso en algún vagón casi institucionales, ni uno solo de los oteadores olvidó a cuál de los dos mundos pertenecía, aunque conociera dos mundos igualmente reales y verosímiles. En ninguna de las memorias y diarios que he podido leer aparece jamás un oteador que exigiera ser mantenido por la comunidad de presos.

Wednesday, February 02, 2005

Repúblika Fantoche

A más de un mes, una mirada oportunista

Desde la tragedia de Cromañon hasta hoy, se ha montado la pantomima de siempre igual, lo mismo que ayer. La tragedia argentina, un sin fin de repeticiones. Otra vez la misma película. Y van…

Y cuánto vale ser la banda nueva / y andar trepando radares militares / Vamos las bandas / rajen del cielo / (…) / y cuánto vale todo lo registrado / si el sueño llega tan mal / que te condena. Es tristemente célebre oír hoy al Indio Solari, ya lo sabían los Callejeros, cuando incursionaban en el rock barrial, pero hoy ya no es como antes, y el tiempo sucede más veloz. ¿Es la culpa de Callejeros por alimentar en cada uno de sus recitales el cotillón de pirotecnia? ¿Es su culpa obnubilarse por el ego de un show más? ¿Es la culpa de los jóvenes desquiciados que no miden riesgos? ¿Es de Chabán, por colocar un medio sombra para abaratar costos, es su culpa encadenar la salida de emergencia para evitar que los pibes se colen? ¿Es de Ibarra y sus funcionarios por permitir que funcionen locales en condiciones expresamente prohibidas? Seguro que la culpa la van a repartir entre todos estos, para que todo marche igual. Y ya hay muchos (varias personalidades del rock, Ciro Pertusi, Germán Daffunchio, Miguel Botafogo, y otros) que aseveran que el problema es cultural, de educación, ejemplo fue el del “descerebrado” que enciende pirotecnia en un lugar cerrado, con un techo de medio sombra a pocos metros de su cabeza. Pero “esos” descerebrados son también los que pagan la entrada en cada uno de sus shows. Estoy de acuerdo, de seguro que el problema de fondo es cultural, no comparto que se lo adjudiquemos a los pibes. El problema es que todo es una fantochada, un país donde reina y comanda el oportunismo.
Donde existen los empresarios capitalistas, como Chabán, engendros de este oportunismo sistemático. Que como todo burgués capitalista siempre está alerta para aprovechar las ventajas del mercado, y solo invierte lo justo y suficiente, aguardando a corto plazo maximizar sus beneficios. No importa que muera gente, con suerte tal vez no muera. Solo vale que los costos sean los más bajos, y que su tasa de ganancia cada vez más caudalosa.
Están los políticos de turno, obviamente también oportunistas, los Macri, los Ibarra, los Kirchner (que lo sigue bancando a Ibarra, sin emitir palabra). Se mueven como pez en el agua, con sus discursos marketineros que solo buscan captar imagen para las próximas elecciones. De eso viven, de la politiquería para los días electorales que los ayude a conseguir esa bancada. Y luego van y negocian con los empresarios, también corruptos, hacen juntos sus negocios, administran y garantizan seguridad en el terreno para que las mafias operen.
Pero la República de la Fantochada no es de Kirchner, tampoco de Ibarra. Es nuestra, de quién más. Sí nosotros los votamos, los perdonamos y los votamos, y caemos siempre en la misma trampa de votar al mejor de lo peor. Y si echamos a patadas a un presidente, y copamos las calles, y nos unimos a los piquetes y desocupados, es por oportunismo, solo sirve para que podamos recuperar los ahorros y plazos fijos que nos robaron. No existe la solidaridad por oportunismo, solo se la conoce aquí, en Repúblika Fantoche. No rige la ley de convivencia, que tanta polémica desató en la ciudad porteña. En Repúblika Fantoche rige la Connivencia, todos nos juntamos y toleramos, y dejamos hacer, a unos pocos, dejamos que se afanen lo poco que queda, que se roben el futuro de nuestros pibes, un futuro desdentado, que nos meten el dedo en el culo, y si sangra nos gusta más.
Y del oportunismo comemos todos en Repúblika Fantoche, los empresarios capitalistas que se cargan los bolsillos; solo ven la oportunidad, los políticos que venden leyes al mejor postor, solo ven la oportunidad; las comadres de barrio que se llenan la boca despotricando a los jóvenes de hoy, sus nietos, solo ven la oportunidad; y faltan los medios de comunicación de donde salen los tentáculos rugosos y pegajosos, que nos dan de sus programas de radio y TV, nunca faltan las cotidianas dosis de información (la canción que siempre está bien saber y nos piden que cantemos), nos dan de sus diarios y revistas, con tapas de luto, nos dan su insolencia y cinismo, nos dan de comer. ¿Quién da de comer a quién?, me pregunto.
Y como también soy ciudadano de Repúblika Fantoche, peco de oportunismo, y no puedo librarme de él. Veo la oportunidad y la tomo. Es que hay tanto oportunista hijo de puta que me da impotencia, no sé si hago bien. Solo quiero saber si solo yo pienso esto. Invito a la reflexión. Yo creo que hay solución para Repúblika Fantoche, sería quemar y mandar a la mierda todo, pero es un acto de mucha grandeza para el ser humano de este nuevo tiempo.



…Aquella tarde, en Bahía Blanca, negó –recuerdo- toda salida a las tragedias argentinas. “Para encontrarla –dijo- deberíamos conocer el mapa de la cárcel donde estamos confinados. Si lo tuviéramos, podríamos matar al gendarme. Pero no hay mapas. Quizá ni siquiera hay gendarmes. Todo lo que nos queda, entonces, es sentarnos a la puerta de nuestra celda y ponernos a llorar”…
(Tomás Eloy Martinez, Lugar común la Muerte)

Wednesday, December 08, 2004

“Yo no me drogo, encuentro placer en el Arte”

Entrevista a Quique Jaravina

Solo fue necesario marcar su número –porque ya no se disca, es la era digital loco!!!!- marcar su número 4342-67 AHA –AHA, y nos presentamos: ...Hola somos de Fantochada (¿y qué?), bueno y pactamos encontrarnos en un bar de Palermo Hollywood.
Como siempre hacemos los periodistas, llegamos diez minutos antes de lo pautado, registramos el ñoba, nos encaramos a la moza, y nos sentamos solitarios a la espera en la mesa del rincón. Cuando nuestro enviado iba armando el enécimo barquito de papel con las servilletas –correctamente dispuestas en el servilletero- entra al bar Quique Jaravina, con una fausta zancada, tropieza con una mesa que sale corriendo – era perseguida por cuatro sillas- y cae redondo al suelo, se levanta nos mira –o me mira- y con la mirada dice: “Yo no me drogo, encuentro placer en el Arte”. Nosotros le pusimos cara de vení y sentate pero no entendió, asi que le gritamos: “che Quique sentate, y no pierdas tiempo con la moza que no te va a dar bola.. es re-agreta”. Basta de pamplinas. Demos paso a la entrevista.


¿Cuánto hace que estás casado?
Mira, ya van a hacer 23 años que estoy casado con Abril... no me podría separar, mi matrimonio es como un fetiche, que se yo. Si me separo perdería todas las ganas de vivir, además es como si me faltara algo entre marzo y mayo....

¿Fue ella la que te acercó al arte?
Sí, sí, le dije: “ya que salís en el auto ¿por qué no me acercas hasta Costa Rica y Armenia, que tengo que entrevistarme con los de Fantochada” (sitio de arte digital, recuerden).

¿Qué te parece nuestro weblog?
Está muy bueno, es una masa, lastima que no tiene imágenes... Espera ¿te lo puedo preguntar? Dejame que te lo pregunte... cambiémos de lugares.

Quique: Bueno pongo Rec, ya esta yo estaba tomando la gaseosa, no tu café, ahí está gracias.... Ahora sí: ¿Che por qué en www.fantochada.blogspot.com no hay imágenes?

Yo: Mira.. si te digo no me lo vas a creer.. En realidad no es que no querramos, hemos insistido mucho, y cada puta imagen que elegimos para postear, no hay caso. Es como que está contra nuestra cruzada, yo ya se lo dije a Ignacio (Uman).
Pero, espera, mejor te entrevisto a vos, cambiemos los lugares por favor...

Quique: Sí dale porque “Yo no me drogo, encuentro placer en el Arte”

¿Sos quisquilloso, Quique?
Dejá de golpear la cucharita en el pocillo, gracias...
Perdón, ¿decías?

Sí ¿cómo es un día en tu vida?
Me levanto a la mañana alrededor de las 6AM, y me voy a la terraza, en seguida, a jugar a la rayuela, porque es el momento en que estoy más lúcido en el día. Después al mediodía, me llama Abril, y bajo para almorzar... y a la tarde me dedico a L´art pour l´art.

¿A vos qué te parece, cuando me convendría presentarme a rendir el final, el 16 o el 23?
Mira pibe....ehhhhhhh.....¡Mozo!

¿Quique, alguna vez probaste con un yogurt?
¡para loco! ¿a vos quién te mando? Ya te dije: “Yo no me drogo, encuentro placer en el Arte”

Bueno Quique no te enojes, estás malinterpretando.. Si querés decirle algo a la gente que esta del otro lado de la pantalla acá tenés mis dedos sobre el teclado, que empiezan a escribir.....

Gracias nene!!!
A mi siempre me han dicho que no soy alineado, y yo les digo que el hipopótamo que es esta Buenos Aires solo se despierta cuando lo patean en la cabeza.......


Monday, December 06, 2004

¿Arte o Parte? El artista y su mundo ¿y el resto de la sociedad?

"...evidentemente debemos confiar en otras disciplinas, en alguien que se dedique full time a tener una mirada de la vida, a ver en qué manera se transmiten las emociones del mundo -que a su vez, también lo conmueven a él- (...) entonces, yo creo que eso es lo que uno tiene de ventaja sobre el standard -de los hombres-, mientras que la pobre gente está doce horas manejando un taxi, yugando por ahí, o preocupada por ver cómo para la holla hoy día, el artista está dedicado full time a la comprensión de las emociones que se manejan en el mundo (...) A mis letras siempre les adjudican que son crípticas... yo digo que son una expresión simbólica, cualquier manifestación artística debe ser simbólica, obligatoriamente debe ser sugestiva y no descriptiva; entonces es ridículo ese planteo que me hacen. Yo creo, tambien, que es un cartelito que te cuelgan aquellos que no saben escribir nada más que de birra y de culos..."

Carlos Solari

Saturday, December 04, 2004

Un helado muy carioca

Cuando Ud. va a la heladeria, pide sambayón? o sabayón? A mi una vez me sirvieron una samba brasilera en un vasito de $1,80 y despues el heladero me dijo: ahí tenes servilletas para que no te chorrees!!!!!!!!!!!
¿Esto es arte digital?????????